redundancia

En el ámbito de la escritura, la redundancia ha sido, en gran medida, condenada como un error, un exceso, un desliz que resta más que suma. Pero esa es una visión unidimensional, que deseo desafiar en este post.

Para ello, nos sumergiremos en las capas ocultas de esta controvertida técnica literaria para examinar su potencial y sus peligros. Así, este artículo aspira a ser más que una crítica o una defensa; busca ser un espejo que refleje la multiplicidad de roles que la redundancia puede asumir en la escritura. A través de esta exploración, se abren las puertas para que cada lector llegue a su propia conclusión. 🤓

¿Qué es la Redundancia?

En términos lingüísticos, la redundancia se refiere al uso de elementos repetitivos o superfluos que no aportan significado adicional o claridad al mensaje. Se considera, en muchos círculos académicos y literarios, como una suerte de pecado lingüístico, un exceso innecesario que debería ser erradicado.

Prejuicio Común: El Pecado Gramatical

La percepción popular de la redundancia la sitúa como un error a evitar, una señal de descuido o, peor aún, de ignorancia. Normas académicas y guías de estilo frecuentemente la demonizan, transformándola en un paria en el ámbito de la composición escrita. Este estigma ha llegado a calar tan profundo que, a menudo, los escritores principiantes se preocupan más por evitar la redundancia que por construir un mensaje claro y resonante.

El riesgo —hay que reconocerlo— es real: la redundancia puede convertir un mensaje que podría haber sido penetrante y directo en un enigma compuesto por palabras y frases que restan más de lo que suman. En otras palabras, la redundancia puede tener un impacto negativo en la claridad y la legibilidad de un texto. Como un manto espeso de niebla, puede oscurecer la intención, diluir el impacto y llevar al lector por laberintos innecesarios.

Ejemplos de Redundancia Mal Utilizada

Consideremos un ejemplo clásico: “subir arriba”. Esta expresión es redundante porque “subir” ya implica un movimiento ascendente; añadir “arriba” no solo es innecesario, sino que introduce una suerte de “ruido” que distrae al lector. Otra variante común es la de “planificar de antemano”, donde “de antemano” es una adición superflua, dado que planificar, por su propia definición, requiere un enfoque proactivo que involucra el futuro.

La Redundancia como Herramienta Retórica

Bien: ahora vamos a examinar el otro lado de la moneda. El uso de redundancia, contrariamente a la creencia popular, puede cumplir una función esencial en la creación de énfasis. Al repetir o reiterar un concepto, palabra o frase de una manera específica, la redundancia enfoca la atención del lector en elementos que el escritor considera vitales.

Esta concentración de atención actúa como un subrayado lingüístico que destaca la importancia de lo dicho. Es como un foco que ilumina selectivamente las partes más significativas de una escena oscura, dándole a cada elemento su propio momento en el centro de atención.

El Factor Mnemotécnico: Los Caminos de la Memoria

La redundancia también tiene un papel en la psicología del aprendizaje. La repetición es una técnica mnemotécnica ampliamente reconocida que facilita la retención de información. Es como un río que, al seguir el mismo curso una y otra vez, construye un cauce más profundo en la memoria. En este sentido, la redundancia puede actuar como un puente entre la exposición inicial de una idea y su almacenamiento a largo plazo en la memoria del lector, asegurando su impacto duradero.

El Carácter Polisémico de la Redundancia

En la poesía y la narrativa, la redundancia puede ser un recurso polisémico, actuando como una especie de prisma que dispersa una sola idea en múltiples direcciones interpretativas. No se trata solo de enfatizar o de memorizar, sino de expandir, de abrir campos semánticos que invitan al lector a un juego interpretativo.

Consideremos el caso del icónico enunciado de Gertrude Stein: “Rose is a rose is a rose is a rose”, que podemos encontrar en su poema Sacred Emily, que —de hecho— incluye varios otros ejemplos de redundancia al servicio de la poesía.

A primera vista, la redundancia podría considerarse un recurso simplista, pero Stein utiliza la repetición para desafiar nuestras expectativas y romper con los significados tradicionales. En el acto de repetir “a rose,” se nos impulsa a reconsiderar lo que creemos saber acerca de una rosa, o acerca de cualquier objeto o concepto, y a explorar nuevas capas de significado.

En este contexto, la redundancia se convierte en un catalizador para el pensamiento abstracto, invitando al lector a cuestionar las certezas preconcebidas y aventurarse en un terreno de reflexión más profundo.

Criterios para el Uso de la Redundancia: La Cartografía del ‘Cuándo y Cómo’

El uso efectivo de la redundancia depende, en gran medida, del contexto en el que se encuentra. En primer lugar, conviene emplearla cuando se necesita enfatizar un punto crucial que no debe perderse en el fluir del texto. En segundo lugar, es útil en contextos en los cuales el lector pueda requerir refuerzos mnemotécnicos para asimilar conceptos complejos o importantes. Finalmente, puede ser una opción muy válida dentro de un texto literario. En cualquier caso, la decisión de cuándo y cómo emplearla debe nacer de una evaluación aguda del propósito del texto y del público al que se dirige.

Riesgos y Recompensas: La Balanza de la Eficiencia Lingüística

Empleada con maestría, la redundancia puede añadir énfasis, claridad y recordación; sin embargo, en exceso puede resultar en un texto sobrecargado y redundante. El riesgo inherente reside en caer en una especie de letanía que desvíe la atención del lector. Así que, al igual que un cocinero experto que mezcla ingredientes con precisión, el escritor debe evaluar cuidadosamente la cantidad de redundancia a incorporar.

Alternativas y Complementos: Más Allá de la Repetición

La redundancia puede tener su lugar justificado dentro de un texto, pero existen otras figuras literarias y técnicas de escritura que pueden lograr efectos similares. La aliteración, la anáfora o incluso la yuxtaposición pueden servir para enfatizar puntos importantes o añadir ritmo y musicalidad al texto. Asimismo, técnicas como la paradoja o la ironía pueden ofrecer un énfasis intelectualmente estimulante sin necesidad de repetir palabras o frases.

Conclusión

Si bien la redundancia puede ser un escollo que obstaculiza la claridad y la legibilidad del discurso, también hemos visto que, cuando se utiliza con astucia y sensibilidad, puede añadir capas de significado, aportar énfasis y facilitar la retención de conceptos cruciales. Es, en definitiva, un instrumento de doble filo que el escritor debe manejar con pericia para cortar a favor del viento del entendimiento, sin herir el tejido de la comunicación efectiva.

Por último, deseo invitar a los lectores a que abran un nuevo capítulo en su comprensión de la redundancia. Eso implica ver más allá de su apariencia de villana de la gramática, y apreciarla como un personaje complejo y multifacético en el escenario de la escritura. La redundancia merece un análisis más compasivo, más matizado, uno que considere su potencial para enriquecer nuestro lenguaje, y no solo para empobrecerlo.


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