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Autoestima: el post definitivo para levantarte el ánimo

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Sé por qué estás acá.

Es porque confiás en el poder de las palabras.

Y hacés bien: todas las palabras son mágicas.

Estoy segura de que alguna vez te ocurrió que pasaste cerca de una persona que no conocías, o esa persona te tocó accidentalmente solo por un instante, y sentiste “algo”. Una sensación muy agradable, nada invasiva, que fue como una recarga instantánea de bienestar. Sin ningún tipo de connotación sexual, ni romántica: tan solo un cruce muy breve de energías afines.

Y como estoy convencida de que las palabras vibran en una determinada frecuencia, sé que te pueden generar exactamente los mismos efectos que ese toque. ¿Cómo lo sé? Porque, si llegaste hasta acá, es porque las siguientes palabras te estaban esperando. Nada, absolutamente nada en la vida ocurre por casualidad, y si nos dedicamos a hacer un análisis objetivo de nuestras vidas nos daríamos cuenta de hasta qué punto eso es así.

Si tenés tiempo para ir a hacerte un té o un café con leche o lo que quieras (mejor si es una bebida calentita porque genera una sensación reconfortante, pero, si no, la que se adapte a tu situación), tomate unos minutos para eso y después volvé a este texto. No te tomes aún la bebida; simplemente preparala. Si el lugar donde estás lo permite (y a vos te gusta, claro) también es muy bueno que enciendas una velita o sahumerio con un rico perfume.

Ahora, teniendo la bebida cerca, repetí las siguientes afirmaciones. Idealmente, en voz alta, pero también puede ser en voz baja si estás, por ejemplo, en tu casa y hay otras personas. Y, aunque no tiene la misma potencia, por supuesto también es válido y va a generar un efecto repetirlo mentalmente.

  1. Yo soy una persona que busca sentirse mejor, y esa ya es una razón para sentirme mejor, aquí y ahora.
  2. Recibo estas palabras, que fueron especialmente escritas para mí, y me estaban esperando para recordarme que soy amada, y que para comenzar a sentirme mejor solo debo aceptar ese amor.
  3. A través de estas palabras, yo recupero la conexión con mi esencia creadora, y recuerdo que llegué a este mundo para aportarle algo que solo yo le puedo dar.
  4. El sonido de estas palabras me recuerda que soy una fuente de creación y que con mis palabras puedo construir realidades.
  5. La vibración de estas palabras armoniza mi energía y me limpia de emociones tóxicas que me impiden revelar mi verdadera luz.

A continuación, 1) te podés tomar la bebida, y 2) vamos a hacer un pequeño ejercicio. Recordá un momento de tu vida donde hoy, a la distancia, te decís que deberías haber hecho tal o cual cosa. Te cuento un secreto: no era necesario el diario del lunes. En aquel momento, también sabías lo que tenías que hacer. Solo que no tenías la suficiente confianza en vos misma para dar ese paso, y entonces elegías no escuchar esa voz que te mostraba cuál era el camino para abrir la puerta.

O la desacreditabas, porque afuera las cosas no parecían estar tan mal como para vencer la inercia y hacer un cambio. O porque parecía hablarle a la mujer maravilla, no a vos: ¿cómo vos ibas a poder hacer lo que esa voz te sugería que podías hacer? ¡Imposible! (te cuento otro secreto: la “voz” no te va a sugerir nada que no sepa que podés hacer). Incluso puede haberte llegado a aturdir, y quizá buscaste alguna manera de anestesiarte para no escucharla.

Voy a poner un ejemplo de mi historia: por muchos años, por problemas de autoestima, yo estuve trabada en mi vida profesional; y eso, claro, afectaba profundamente mi autoestima (¡ah, la perfección de los círculos viciosos!). Sentía que me faltaba experiencia; que mi estado emocional no me ayudaba; que apostar a consolidarme en una actividad profesional independiente era para otras personas y no para mí, que no había nacido en una familia de emprendedores; que para “lo mío” podía llegar a andar pero que comercialmente era un cero, y entonces ¿quién me iba a comprar algo?

Ahora, a la distancia, siento que en ese momento hubiera debido dar el paso, simplemente porque tenía todas las condiciones para darlo, y que todo lo demás lo iba a aprender a lo largo del camino. Es aquí donde viene una segunda parte del ejercicio, que parece que no tiene mucho sentido, pero es importante. Vas a elegir un momento de aquella época que recuerdes bien; y una vez que tengas esa imagen en la mente, va a hacer en ella una aparición estelar tu yo de ahora, que le va a decir a tu yo de entonces que escuche a su voz. Porque está lista para dar ese paso que su voz le sugiere.

Esto, que parece no tener ningún efecto, sí lo tiene. De alguna manera, incidimos sobre el pasado, y eso a su vez tiene un impacto sobre el futuro.  Aunque te parezca que no tiene sentido, te pido encarecidamente que lo hagas. Incluso si pensás que no sirve para nada. Solo hacelo.

Y llegamos a la última parte del ejercicio. Alguien está golpeando a tu puerta, y es alguien que conocés muy bien: vos misma. Tu doble cuántico, la versión superior de vos misma, o como le quieras llamar, viene del futuro para decirte con voz firme y clara los pasos exactos que tenés que dar en este momento para salir de esta situación que está afectando tu autoestima. Tomá un cuaderno y simplemente anotá lo que te dice. Vas a ver que el mensaje es preciso. No pienses en lo que escribís; no es el momento de analizar. Dejá pasar unas horas, o un día, y reflexioná sobre cómo podés integrar esa información a tu vida: no hace falta que hagas cambios radicales de golpe (aunque a veces es necesario y funciona); un pequeño paso hoy puede tener un profundo impacto mañana.

A veces, también, la causa oculta (o no tan oculta) de ese malestar que socava nuestra autoestima es que, cuando estamos haciendo algo, sentimos que deberíamos estar haciendo otra cosa en lugar de esa actividad que estamos realizando. La realidad es que creo que casi todos sabemos que, cuando nos planteamos objetivos grandes, existe una regla que nos invita a preguntarnos, antes de hacer algo, si eso que vamos a hacer nos acerca a nuestros objetivos o nos aleja de ellos.

Pero, aunque no lo sepamos, creo que nos hacemos esa pregunta de manera inconsciente; y nos la respondemos, también… y esa respuesta no siempre nos deja conformes. Cuando ese tipo de respuestas incómodas se acumulan, comienza a surgir ese tipo de malestar en segundo plano que no sabemos con precisión de dónde viene, pero comienza a tener un impacto muy negativo en nuestro estado de ánimo.

En mi opinión, la solución a eso es elegir conscientemente y, aun cuando sabemos que una elección no es funcional a nuestros sueños, disfrutarla intensamente. Si elegís mirar una serie en lugar de estudiar, no lo hagas con la mente dividida, sintiéndote culpable. Concentrate solo en la serie. Si ves que no podés pasarla bien porque imposible cambiar el chip de que tenés que hacer otra cosa, bien: si no vas a disfrutar al 100% el momento de ocio, no te lo tomes y andá a hacer lo que tenés que hacer. Es tan simple como eso. Nosotros lo hacemos complicado. Pero no lo es. Es solo una cuestión de hábitos.

Y si sos de esas afortunadas que sí podés disfrutar esos momentos de “desvío”, bien también. Quiere decir que tenés una gran capacidad de conectarte con el presente. Y es esa conexión la que —más tarde o más temprano— te va a imposibilitar evadirte cuando esos momentos de “desvío” con respecto a tus objetivos te comiencen a alejar tanto de ellos, que sea imposible ignorar que el espejo del presente te devuelve una imagen que demuestra la necesidad de poner orden en tu vida. Todos tenemos diferentes maneras de abordar y manejar la realidad, pero hay algo que nos une: siempre tenemos control sobre nuestros actos, aunque los motivos que nos llevan a tomar decisiones sean distintos.

Este es un posteo breve para lo inabarcable en su totalidad que es este tema, pero leelo con atención y poné en práctica lo que dice. Eso es clave. Es más: leelo por lo menos una semana seguida, y realizá estos ejercicios cada día. Y, cada vez que lo necesites, repetí la parte de las afirmaciones.

Te aseguro que funciona.

Lo sé, porque no estoy escribiendo con mi mente, ni siquiera con mi corazón: estoy escribiendo con mi alma. Y lo estoy escribiendo para vos, que —no casualmente— llegaste a este texto.

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