2020: 10 tips para crear una hoja de ruta (Parte 1)

  • Ariana 
hoja de ruta freelance

Primero, lo primero: ¿qué es una hoja de ruta? Ok: ya sé que todos mis lectores deben saber qué es; pero, para que las condiciones de nuestro contrato de lectura en este texto resulten claras, es menester definir qué se entenderá por «hoja de ruta» a lo largo de las siguientes líneas.

Pequeña introducción acerca de la hoja de ruta

(Mentira, no es pequeña)

Se trata de un concepto que es utilizado en una variedad de ámbitos, en los que se persiguen objetivos diferentes; por lo tanto, la definición presenta diversas características según la disciplina desde la que se la formule. Para mí, una hoja de ruta es un documento cuyo contenido de origen debe ser el lugar al que deseamos llegar en un determinado plazo. Y, luego, el detalle del inventario de recursos -tangibles e intangibles- con los que contamos para encarar ese viaje, y aquellos de los que carecemos pero debemos obtener, de alguna manera, en el curso de ese recorrido.

Creo en el poder de la escritura (sería un poco contradictorio que no lo hiciera). Creo que escribir con lujo de detalles la meta a la que deseamos arribar -en este caso, al finalizar el 2020- nos ayuda a ser conscientes de cada paso que resultará crucial para alcanzarla. De cómo podremos armarnos para enfrentar esos contratiempos y modificaciones obligadas con las que de manera forzosa nos toparemos en un momento u otro. Y de qué cosas debe estar compuesto nuestro equipaje para emprender ese viaje. Y, tan o más importante que esto último, de qué cosas debemos desprendernos para no acarrear un peso innecesario, generado por conductas que quizá nos fueron útiles en algún momento, pero ya no.

Sabemos que el tiempo es un continuo -o, al menos, así lo percibimos- y que nada cambia por arte de magia de un día para otro. Pero, al comenzar un año, existe en el inconsciente colectivo una especie de «energía psicológica» (para definirla de algún modo) fresca. Creo que todos sentimos, cada cual desde su óptica, que el cierre de un año se lleva consigo -aun cuando más no sea de manera simbólica, pero recordemos que lo simbólico siempre le habla de alguna forma a nuestra mente- todo aquello que deseamos dejar atrás.

Añado el 2020 al título porque esto es lo que pienso ahora de acuerdo a mi experiencia. Mis tips para el 2021 serán, con certeza, diferentes y es muy saludable que así sea.

Tips para armar tu propia hoja de ruta

1) Marie Kondo tenía razón

Bastante se ha escrito adaptando el método de Marie Kondo para hacer limpieza de textos, por ejemplo aquí. Tal parece que se trata de una teoría polivalente y, por eso, vamos a aplicarla también en la elaboración de nuestra hoja de ruta.

Emulemos entonces a Marie Kondo: es un buen momento para eso, diría el mejor. En resumen, ella propone que sostengamos un objeto y tomemos la decisión de conservarlo o descartarlo en base a lo que nos haga sentir.

Y eso es lo que les propongo hacer con cada trabajo que hayan realizado en el 2019. Como -por lo menos en el caso de quienes creamos o editamos textos- muchas veces se trata de cosas intangibles, a no ser que estén impresas, podemos hacer un pequeño ejercicio de la imaginación (después de todo, a eso nos dedicamos) y “sostener” cada uno de esos trabajos en nuestros manos. Sí, haciendo el gesto y todo, claro.

Felicidad, lo que se dice felicidad, una explosión de felicidad, es una sensación que quizá ninguno de ellos nos produzca (aunque ojalá que sí). Pero, si somos honestos con nosotros mismos, percibiremos a la perfección cuáles nos causan una sensación de bienestar, y con cuáles nos ocurre todo lo contrario.

Es un buen ejercicio para saber a qué tipo de clientes debemos dejar ir y a cuáles deberíamos dedicar nuestro foco y energía en este 2020, no solo para conservarlos sino para que sigan llegando a nosotros otros clientes que tengan ese perfil.

2) El orden de los factores sí altera el producto

O: no innoves hasta no saber qué rumbo querés tomar este año.

Es decir, tomate todo el tiempo que necesites para definir con toda la precisión posible qué objetivos querés alcanzar durante este año. Es probable que -en especial si hiciste el ejercicio propuesto en el tip número 1- no sean los mismos que te habías planteado a comienzos del 2019 (si es que lo habías hecho).

Ya sé que todos necesitamos facturar y, por lo tanto, trabajar. Pero estoy convencida de que tener una visión clara y por escrito, y un propósito muy definido, nos va a facilitar ese trabajo y en breve recuperaremos esas ganacias que «perdimos» por dedicarnos a ese minúsculo detalle de planear nuestra estrategia de acción en función a nuestras metas. No las que te sugieren quienes te rodean, por más bienintencionados que sean: las tuyas.

Vos sabés cuáles son: solo necesitás tomarte el tiempo para definirlas y escribirlas (no me voy a cansar de repetir esto último). Con esas metas en negro sobre blanco, casi te diría que se va a hacer la luz y vas a saber con bastante exactitud qué pasos dar en cada etapa que deberás atravesar para llegar a ellas.

Esto quiere decir también que, si es necesario, te alejes de las redes sociales hasta que tengas claro un plan de comunicación que esté alineado con lo que escribas en tu hoja de ruta. A lo sumo, si no querés perder presencia en las redes y/o contacto con tus seguidores (algo que me parece perfectamente entendible), sé conservador y no introduzcas novedades hasta que no tengas tus metas bien definidas.

3) Compartir no es pecado

Tal como reza una parte de mi sitio, pienso que no, no lo es (bueno, en algunos casos quizá sí, pero no nos vamos a poner a hilar tan fino).

Si pensás que tu experiencia aporta valor, compartila. Soy una firme defensora de que somos colegas que luchamos por dignificar una profesión y lograr que nuestros clientes la valoren. En ese arduo camino, vamos acumulando experiencias que nos permiten asesorar a personas que están en el mismo barco que nosotros y aún no las han vivido. Tanto si es para que las repliquen como para que las eviten, compartir suma y siempre puede ser de ayuda para alguien.

Por eso, mi sugerencia es que -entre las acciones que incluyas en tu hoja de ruta- le dediques aunque sea un pequeño porcentaje de tiempo y energía a planificar este ítem y definir de qué manera te gustaría llevarlo a cabo.

4) Felicidad, (no) tienes dueño

En inglés, se utiliza bastante la expresión «happy place»: podemos decir que se trata de una construcción mental ligada a un recuerdo que nos produce felicidad evocar o a algo que, aunque nunca hayamos vivido en este plano, podemos imaginar y nos produce la misma sensación.

Cuando vivía en Uruguay, recuperé un blog personal que había caído en el abandono y lo transformé en mi diario (no tan) íntimo. En esas épocas escribía, en promedio, al menos un post por semana. Muchas veces me sentía mal y muy sola y pasé por situaciones que -si bien lejos están de ser recuerdos agradables- hoy puedo observar desde una cierta distancia, pero que en ese momento me resultaban dramáticas.

Inmersa en un ámbito caótico (tanto externo como interno), ese blog se convirtió en mi «lugar feliz». Cuando me sentaba a escribir en él, aunque muchas veces llorara al hacerlo, sentía que las palabras fluían y que no había trabas ni obstáculos de ningún tipo. Tal vez porque no tenía la presión de lograr textos «impecables» o correctos y sentía a la escritura como aquello que en esencia es, una forma de expresión. De manera que durante ese tiempo que le dedicaba a ese blog habitaba en un espacio que trascendía dimensiones y en el que la redacción era mi happy place.

Hoy pienso que lo sentía así porque ese momento estaba alineado con mis objetivos: recuperar un espacio lúdico donde poder ser libre.

Soy consciente de que, cuando escribimos para nuestros clientes, sí existen reglas que ellos nos imponen y debemos respetar. Pero, aun así, cuando hacemos algo que nos gusta, nunca tendríamos que perder de vista que estamos ejerciendo nuestra libertad en un mundo repleto de condicionamientos.

En consecuencia, les propongo que en su hoja de ruta incluyan el ejercicio de detenerse cuando se sientan agobiados y recordar por qué eligieron su actividad profesional. Eso tendría que bastar para reencontrarse con ese lugar feliz que esa actividad debería ser para ustedes.

Pero, si eso no ocurre, será el momento de tomar medidas para devolverle a ese lugar esas condiciones que sabemos que nos hacen felices… y, si eso no resulta, de buscar un nuevo lugar feliz.

Siempre existe alguno.

5) La base está

Un tip breve para finalizar esta primera parte: todos hemos tenido algunos triunfos laborales en 2019. Aunque más no sea, tomar el riesgo de emprender una actividad, hecho que ya es una victoria en sí mismo.

Y, en la otra cara de la moneda, es probable que algo haya fallado: un trabajo que no alcanzó el nivel de nuestras expectativas, un cliente que no fue, un proyecto que falló, demasiadas horas dedicadas a un trabajo cuya retribución no lo compensó… en la vida del freelance no todo es color de rosas.

Que lo que no salió del todo bien (o, sin rodeos, mal) nos sirva de aprendizaje, pero no nos detengamos en eso ni nos clavemos puñales, porque nadie que se está desangrando puede dar una buena batalla. Construyamos nuestra hoja de ruta sobre cimientos sólidos y positivos. Es decir, sobre esa base de conquistas -grandes o pequeñas- que, sin duda, ganamos a fuerza de sacrificio y voluntad durante el año pasado.

Espero que estos tips les resulten útiles para diseñar su propia hoja de ruta. Y que la página en blanco deje de ser tal, le perdamos el miedo y emprendamos la aventura de comenzar a escribir nuestra historia en ella.

Los espero en unos días con la segunda y última parte de estos tips destinados a armar nuestra hoja de ruta para el 2020 😊.

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