Cosas inconfesables (10 tips que nadie más te va a dar) – Parte I

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cosas inconfesables - fan número uno

Ok, lo de «cosas inconfesables» es una construcción bastante falaz, porque de eso se trata este texto: de confesarlas (pero, por favor, que quede entre nosotros).

Nobleza obliga, tampoco se trata de cosas que nadie diga. Y, sin ir más lejos, yo misma he hablado de muchas de ellas en otros posts, aunque quizá de manera más superficial.

Pero, esta vez, reúno todas aquellas cosas inconfesables que a veces ni siquiera hablamos entre colegas porque apuntan a algo que parece muy ególatra: ser nuestro fan número uno.

Y no, no solo no es vanidad sino que es imprescindible para ser buenos profesionales y no morir en el intento. Yo JURO por cada uno de los tips de este listado. Y espero que a partir de ahora, si es que no lo hacían, mis lectores lo hagan también.

Esas oscuras cosas inconfesables

1- Segundos afuera

Ariana Riccio - Segundos afuera

Quizá la más importante, por eso la ubico al comienzo. NO BASEMOS nuestra autovaloración en lo que los demás digan de nosotros, sea bueno o malo.

Lo sé: es tan fácil ser vulnerable al elogio como a la crítica (no siempre constructiva).

Pues bien: tanto el halago como las opiniones negativas -en especial si vienen de clientes- no son, en ciertos casos, otra cosa que intentos de manipulación. A veces burdos; otras veces sutiles y mucho más difíciles de detectar.

Incluso si esos comentarios vienen de gente muy cercana, hay que considerar que están influidos por sentimientos y percepciones que a menudo se basan en un desconocimiento parcial o total acerca de lo que nuestro oficio representa.

En el ring -en nuestra profesión- los de afuera pueden intervenir (para bien o para mal, esa es otra cuestión) pero, para decirlo en criollo, a la hora de los bifes estamos solos.

Dentro de nuestro ser, sabemos muy bien en qué tareas logramos un alto nivel de desempeño, en qué factores es muy difícil que alguien nos pueda imitar -porque contamos con cierta maestría en su ejercicio- y qué cosas debemos mejorar. Somos un trabajo en progreso constante y no ignoramos que siempre podemos dar más en ciertos aspectos. Lo sabemos con precisión de láser, pero ese mundo al que no le pedimos opinión nos la da de todas formas. Y, en no pocas ocasiones, no de la mejor manera.

No digo que no debamos adaptarnos a ello porque, de hecho, ocurre; y considero que parte del ejercicio de una profesión u oficio es lidiar con esa realidad.

Pero lo repito para que quede claro: nuestra valoración debe ser interna. A nadie le amarga un dulce dado por otros -a veces con gratitud, reconocimiento y sinceridad-, pero no debemos hacernos dependientes de ellos.

2- La repetición hace al maestro (y al fan)

Cuanto más escribamos, más fácil se nos hará escribir. Esto ya lo he dicho, pero nunca está de más repetirlo. Y aplica a casi cualquier cosa que hagamos; a veces para bien, a veces no tanto (y sí, claro: incluye a las cosas inconfesables).

Justamente, parte necesaria de ser nuestro fan número uno -y serlo en esencia, no solo en los papeles- es saber priorizar aquellos actos que son demostraciones de amor para con nuestro ser.

Volvamos al punto anterior: siempre hay alguien que directa o indirectamente nos recuerda que podemos ser mejores en lo que hacemos. Pero, si sabemos que trabajamos de manera ardua para lograrlo, nos sentiremos tan orgullosos de eso que ser nuestro fan número uno será una consecuencia natural de ese proceso.

3- Por algo somos nuestros fans

¿Por qué? Porque pagaríamos por nuestro trabajo. Y, de hecho, lo pagamos de maneras varias, aunque no se sometan a criterios de medición cuantitativa.

Aprendamos a definir -y redefinir de manera constante, a medida que nuestra experiencia crezca- lo que sabemos que merecemos cobrar por nuestro trabajo.

De manera asociada, esto implica que -a veces- tenemos que confrontar nuestras opiniones con las del cliente. Con un tono respetuoso, educado y amable: nadie dice que no. Pero, finalmente, para eso nos contratan: para decirles, con el mayor nivel de tacto posible, cuándo (al menos según nuestro criterio profesional) están tomando una decisión que no está alineada con sus objetivos.

4- El tiempo personal es SAGRADO

Es menester que nos tomemos, como mínimo, UNA HORA diaria para realizar actividades que apunten a nuestro bienestar integral y no estén relacionadas (al menos no de manera directa) con nuestra labor profesional.

Lo sé: agenda en mano, varios lectores estarán pensando que esto es imposible. Pero no es necesario que se trate de una hora consecutiva. Un ejemplo podría ser tomarse veinte minutos a la mañana para meditar, hacer yoga o el ejercicio que nos plazca. A la tarde, dedicar veinte minutos a alguna actividad recreativa de nuestro interés. Y, a la noche, tener una conversación sin interrupciones con algún ser querido, que nos nutra el alma.

A otras personas, tal vez, les vendrá mejor tomarse esa hora de corrido. Lo que se realice en ella depende de cada uno y de su estilo de vida. Por supuesto, no existen recetas universales. Pueden ser cosas inconfesables: nadie más tiene por qué enterarse de lo que hacemos en ese tiempo privado (siempre que nos dé placer y no le cause daños colaterales a otro, claro)

Trabajamos muy duro para crear e impulsar nuestro emprendimiento. Es lo mínimo que nos merecemos.

5- Somos nuestros propios superhéroes

Ariana Riccio - Superhéroes

¿Se nos ocurre alguna idea nueva que creemos que puede llegar a funcionar? Si podemos afrontar la inversión, ya sea en dinero, tiempo y/o otros recursos, pues adelante.

Una de dos: a) o no funciona, pero habremos tenido el valor de ponerla en práctica, o b) sí marcha y el ROI será impecable. Si el caso fuera el primero, NADIE, absolutamente nadie, tiene por qué enterarse de esas cosas que no salieron tan bien.

Salvo que: a) tengas, como yo, un blog en el que pienses que todas tus experiencias pueden serles de utilidad a tus colegas freelance, aun esas cosas inconfesables o b) te dediques a dar conferencias de éxito acerca de un fracaso.

En este último caso, sin duda, ganarás bastante más dinero que una servidora al escribir este blog y, de ser así, lo que parecía ser un fracaso terminará siendo un «fracaso productivo» (en el fondo, todos lo son, si sabemos extraer una enseñanza de ellos).

Esto continuará

Y espero que nos veamos en la segunda y última (por el momento) parte de estas «cosas inconfesables» que todos los freelancers practicamos -o deberíamos practicar- de una manera u otra.

¡Los espero! Recuerden que pueden suscribirse al blog para estar al tanto de las nuevas publicaciones 🙂.

PH: Michelle Cassar – Wade Austin Ellis – Thought Catalog (Unsplash)

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