10 recomendaciones para entrar en el mood para escribir o corregir (Parte 1)

Recomendaciones para superar los bloqueos creativos
Recomendaciones para superar los bloqueos creativos y encontrar inspiración para escribir o corregir.
Esos momentos en que todo parece ser más interesante que el teclado

A veces, es difícil encontrar la inspiración para escribir o corregir. A continuación, te presento algunas recomendaciones para lograrlo.

Tener una meta que nos estimule

En caso de que la pieza a escribir sea para un cliente y, por lo tanto, remunerada de alguna manera, considero que es muy importante —diría imprescindible— tener una zanahoria que no sea pagar las cuentas. Necesitamos un objetivo más estimulante, por ejemplo ahorrar para un viaje que siempre hayamos querido hacer.

Y, en esos momentos en los que la inspiración y/o la concentración parecen haberse tomado esas vacaciones que tanto anhelamos nosotros, visualicemos algunas postales de esa meta que deseamos alcanzar. Es clave que sea algo que nos entusiasme hasta la médula; de esa manera, es muy probable que la energía de ese entusiasmo funcione como el combustible que alimentará nuestra productividad.

Relajarse

Es difícil indicar de qué manera dado que  es un tema muy personal. Cada uno tiene su método particular para lograr ese objetivo, pero lo importante es lograrlo. En mi experiencia, eso favorece que fluyan las ideas o que alcancemos ese estado de concentración necesario para editar textos.

Creo que en el caso de escribir, siempre y cuando a) se trate de personas adultas que no tengan un historial problemático al respecto y que b) se sienten a hacerlo para proyectos personales de tipo creativo, es lícito servirse un buen whisky y beberlo con tranquilidad antes de comenzar a escribir o corregir; después de todo, para eso no necesitamos conducir ni operar ningún tipo de maquinaria pesada (sí, ya lo sé: esto es relativo). Quizás pueda terminar en algún círculo del infierno al decir eso, pero en todo caso, si eso ocurre, debatiré la cuestión en una mesa redonda con autores tales como (mi absoluta ídola) Dorothy Parker, Truman Capote, Anthony Burgess, Mark Twain y unos cuantos más… y lo haremos tomándonos un whisky, claro.

Nota: también hay opciones más saludables e igualmente (o incluso más) efectivas. Por ejemplo, hacer algún tipo de actividad física antes de comenzar, cosa que recomiendo llevar a cabo a diario de todas maneras. O hacer yoga. O meditar. O realizar ejercicios de respiración, buscando en Google van a encontrar muchas opciones al respecto y me consta que son de gran ayuda; es cuestión de probar hasta encontrar la que más nos funciona.

O bien, por último, mi opción preferida: tener un buen masajista que nos deje como nuevos antes de sentarnos frente a la pantalla aunque, salvo que el/la masajista viva con nosotros o dispongamos de un amplio presupuesto para destinar a este tipo de placeres, es la opción menos práctica.

Hagamos lo que decidamos hacer, seamos moderados; no es cuestión de estar en flagrante contradicción con el siguiente punto.

Priorizar nuestro bienestar

Es muy difícil entrar en el estado requerido para realizar con solvencia estas actividades si nuestro cuerpo está incómodo de alguna manera. A veces, creemos que ser un buen profesional implica ir contra viento y marea, incluso desoyendo todas las señales de molestia que nos envía nuestra propia persona.

Y no es así.

La salud, en su concepción más integral, abarca numerosos planos. Sentir demasiado frío o calor, estar vestidos con ropa que nos incomoda, tener hambre o sueño, etc., jamás serán situaciones que favorezcan un estado apropiado para escribir, corregir o desempeñar cualquier otra actividad. La salud siempre está en primer lugar, no se puede hacer nada de manera sobresaliente si uno tiene una molestia importante y continua.

Desconcertar a nuestro cerebro

Esto implica definir si somos personas “musicales” o bien “silenciosas” e intentar adherir a esa regla, pero ser flexibles. En el caso puntual al que estamos aludiendo en esta entrada, es decir alcanzar el estado de fluir en la misma sintonía de aquella materia con la que necesitamos trabajar, partiendo desde un estado momentáneo de “desconexión”, a veces es útil desconcertar un poco a nuestro cerebro y hacer lo contrario de lo que acostumbramos hacer.

Si solemos trabajar con música, podemos sentarnos en silencio unos minutos (y aprovechar para hacer algún ejercicio de respiración o meditación, según lo sugerido en el punto 2) o bien, en caso de que necesitemos escuchar música —pertenezco a ese grupo—, elegir un tono de temas alternativo al de nuestra banda de sonido laboral cotidiana.

Si es que son personas que prefieren trabajar en silencio, pueden intentar escuchar alguna lista de temas que por lo general escuchen cuando realizan otra actividad que no sea la de sentarse a trabajar. La idea es generar una alteración en la rutina que, de alguna manera, anule esas barreras que nos distancian del tan buscado flow.

Evitar el autoboicot

Para eso, es necesario quitarle presión a un oficio que, como cualquier actividad independiente que hayamos decidido emprender de manera voluntaria, deberíamos poder disfrutar, aunque sea en parte (nada es perfecto y en la mayoría de los casos habrá alguna tarea que no estará dentro de nuestras preferencias).

Si bien una cierta presión puede ayudar a hacernos eficientes, es posible que hacer de eso un hábito nos conduzca a que -en un futuro no tan lejano- terminemos odiando este oficio. Y no queremos llegar a eso.

En la siguiente entrada, hablaré de las otras cinco recomendaciones de esta lista basada, sin excepciones, en lo que mejor me ha funcionado a lo largo de muchos años de redactar y editar contenidos.

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