Cómo trabajar para nuestro cliente más importante

Presento un breve texto con nuevas recomendaciones (palabra que me suena menos invasiva que “consejos”), a manera de complemento de mi entrada anterior: cómo aprovechar el tiempo cuando no estamos trabajando para nuestros clientes. Les sugiero, por supuesto, leer ese artículo en caso de que no lo hayan hecho todavía, ya que estas recomendaciones son la continuación natural de lo allí expuesto.

Mis tres nuevas —y sintéticas— recomendaciones, entonces, serían:

Testear nuevas herramientas

Durante esos lapsos donde no tengamos trabajos cuya fecha de entrega sea crítica, y estemos inmersos en proyectos personales, contamos con la oportunidad perfecta para evaluar la eficacia de aquellas herramientas de productividad cuyos beneficios alguna vez hemos leído o escuchado.

No voy a enumerarlas en esta entrada (aunque esa tarea quedará para alguna otra ocasión) ya que estoy segura de que todos mis lectores conocen alguna que, hasta el momento, no han probado. Cuando no sentimos que nuestras vidas —bueno, al menos pagar nuestras cuentas— dependen de lo que estamos leyendo, escribiendo o investigando se abre quizás un espacio propicio para probar cómo podemos realizar de manera más eficiente esas actividades.

Sí, sé muy bien que algunas personas funcionan mejor bajo presión… pero eso, a la larga o a la corta, nos desgasta de una manera u otra. Recordemos, siempre, que existe vida más allá de nuestro trabajo, y creo que coincidiremos en que la idea es experimentarla de la mejor manera posible.

Evaluar y mejorar hábitos

También es el momento de incorporar aquellas rutinas de disciplina ante las que, cuando estamos en un ritmo de trabajo (al borde de lo) frenético, somos más indulgentes. Cuando no tenemos la presión de una fecha de entrega próxima, es quizás el mejor momento para poner a prueba la capacidad con la que contamos para adoptar hábitos que puedan favorecer nuestra productividad.

Esto, aunque se relaciona con la recomendación anterior, no es exactamente lo mismo sino que más bien conforma la estructura estratégica sobre la que se asentarán las tácticas de productividad que decidamos implementar. Para mí, por ejemplo, una actividad acorde a este objetivo sería intentar darle a nuestro cronograma de actividades un mayor ajuste con el ritmo circadiano. Esto es, en síntesis, orientarnos a ser más diurnos que nocturnos; sé que a muchas personas que escribimos nos cuesta hacerlo, pero es útil hacer un ensayo con constancia y ver cómo nos desempeñamos mejor.

Otro ejemplo podría ser proponernos mejorar nuestra alimentación y establecer un horario para cocinar y comer con tranquilidad. A veces no somos conscientes de hasta qué punto repercute, en el momento de sentarnos a leer y escribir, todo lo que hayamos hecho por fuera de esas actividades.

Trabajar para nuestro cliente más importante

Y tal vez lo más importante: como señalé en la entrada anterior, es el momento de escribir para nuestro cliente más importante, aquel que nunca nos dejará por ningún otro proveedor: nosotros mismos. Si adoptamos la costumbre de escribir en favor de nuestros objetivos día sí y día también, una de las consecuencias positivas —entre muchas otras, de las que hablaré más adelante— será que lograremos escribir con mayor fluidez para nuestros clientes externos (que, por supuesto, también son importantes).

Por último, el bonus track: en la manera en que nosotros mismos tomemos en serio nuestro trabajo, así lo tomarán en serio nuestros clientes. Cuidarnos es una manera de cuidar y enriquecer las habilidades que aplicamos en este oficio.

Si algún lector tiene alguna recomendación adicional, me encantará conocerla.

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