Cómo aprovechar el tiempo cuando no estamos trabajando para un cliente

El tiempo es precioso
«El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…»

Ah, el tiempo: aquel eterno tema de análisis acerca del que siempre tendemos a subestimar la cruda realidad. Y esta es que su misma posesión es, por definición, una ilusión. Así como no somos dueños del aire que respiramos ni del espacio a través del que nos desplazamos (excepto por la mayor o menor cantidad de metros cuadrados de aquella superficie que denominamos nuestro hogar, en caso de que exista una escritura que así lo atestigüe).

No obstante, luego de esa sombría introducción, es menester matizar un poco la cuestión: mientras respiremos y nos desplacemos por el espacio, somos dueños de algo. Nos pertenece la capacidad de elegir en qué ocupar ese tiempo tan inasible e ingobernable.

Pensemos en la —engañosa— pregunta que da título a este post. Es falaz porque, si analizamos bien la cuestión, descubrimos que parte de una premisa falsa, dado que siempre tenemos un cliente para el que trabajar. ¿Quién es ese misterioso cliente? Nada más ni nada menos que nosotros mismos. A veces olvidamos que, al fin y al cabo, somos nuestro cliente más importante, en cuyo proyecto debemos trabajar día tras día.

En caso de que tengamos un espacio entre trabajo y trabajo, hecho que en un oficio independiente nunca estamos exentos de que nos ocurra, sugiero hacer un espacio para alguna —o varias— de las siguientes propuestas. Y, si en nuestra labor cotidiana trabajamos de manera continua para nuestros clientes, con más razón debemos tener un lapso para ocuparnos de acrecentar nuestra riqueza profesional.

Sea cual fuere la situación, podemos hacer varias cosas. ¿Cuáles? A  continuación, una lista de sugerencias, basada en mi experiencia personal.

Perfeccionar nuestra capacidad de lectura en otros idiomas

Cuando nos dedicamos a producir, corregir y editar contenidos, acceder a material en otras lenguas y entenderlo puede constituir un plus que podemos explotar: soy la prueba viviente de que en un año, con dedicación diaria a la lectura y al estudio gramatical, es posible llegar a comprender los conceptos clave de cualquier texto escrito en el idioma que sea nuestro objeto de estudio. Por supuesto, recomiendo comenzar por aquellas lenguas con las que hayamos tenido un acercamiento previo pero, con la perseverancia suficiente, considero que puede aplicarse a cualquiera.

Cuidar nuestra salud

Esto es algo que parece sensato y difícil de olvidar; pero que a veces postergamos cuando estamos dedicados a tiempo completo a las entregas. Lo que en numerosas ocasiones olvidamos, además de eso, es que nuestro trabajo se basa en estar sentados frente a una computadora. Pueden variar el entorno y las condiciones de trabajo, pero en la base siempre estará una situación desfavorable para nuestro cuerpo. Intentemos dormir la cantidad necesaria de horas (aunque se diga que el sueño perdido no se recupera, una cura de sueño cada tanto no viene mal). Hagamos ejercicio de manera diaria, aunque sea por veinte minutos. Y, si tenemos un parate de trabajo, es aconsejable ponernos al día con todas esas visitas médicas que postergamos cuando las benditas entregas (que siempre tienen esa costumbre de ser “para ayer”) parecen encadenarse una tras otra.

Escribir para nuestro blog, o crear uno en caso de que no lo tengamos

Es una herramienta irremplazable para construir identidad profesional —también conocida como “marca personal”— y posicionamiento. Y, si nuestro blog goza de muy buena salud creativa y se encuentra nutrido de contenido periódico y de calidad, nunca está de más hacer una revisión y actualización de los textos más antiguos. 

Redactar un e-book

Luego, podremos utilizar ese material como lead magnet, o bien ponerlo a la venta. Estoy segura de que todos mis colegas reciben consultas que dan cuenta de que hay mercado para hablar —escribir— sobre una determinada temática (yo misma lo estoy haciendo). Y, sí, esas obras añaden valor a nuestro branding personal.  

Cultivar nuestros intereses

Todo lo que podamos escribir se empobrece, se limita, se achata (sí, lo digo de tres maneras para que se entienda bien), si descuidamos el contacto con esas actividades que sabemos que nos enriquecen. Cuando nuestra labor es de alguna manera creativa —y en algún punto casi todas lo son, pero algunas como esta lo son más— no podemos permitir que eso nos ocurra. Otra razón para no ignorar la importancia de este punto es que, a menudo, las mejores ideas orientadas a la creación de contenidos se nos ocurren cuando estamos distraídos en tareas que nada, o muy poco, tienen que ver con ese objetivo.

Existen muchas otras actividades que podemos desarrollar cuando no estamos ocupados en aquellas solicitadas por un cliente externo; soy muy consciente del que el tema no se agota aquí. Me quedan algunas más por presentar y, además, me gustaría mucho conocer las que llevan a cabo mis lectores. Recuerden que pueden ponerse contacto conmigo por este medio.

Saludos, y siempre tengan en mente que el tiempo es lo más valioso que tenemos, porque es el recurso necesario para poder disfrutar de cualquier otro.

1 pensamiento sobre “Cómo aprovechar el tiempo cuando no estamos trabajando para un cliente”

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